El peor momento para los niños del colegio La Paz, en la ciudad de Boca del RÃo, Veracruz, era el recreo.
Por: Agencias
Ciudad de México.- Mientras correteaban o charlaban de sus videojuegos y tareas un olor putrefacto se metÃa por sus narices y bocas; entre las tortas y jugos hasta que los hacÃa vomitar.
El olor se esparcÃa desde el Instituto Médico Forense (IMF), a unos pasos de la escuela, donde poco a poco se acumularon cadáveres procedentes de las múltiples fosas clandestinas de los alrededores; la última, en un lugar conocido como “El arbolito†a principios de abril pasado. A falta de un frigorÃfico de alta capacidad, los cuerpos quedaron en el patio, a una temperatura de 40 grados, cubiertos con bolsas plásticas para que no se las lleva el viento. Los detalles se divulgaron en la prensa local para sumar una denuncia más a la realidad de los Servicios Médicos Forenses del paÃs: están desbordados porque desde que se aceleró la violencia en el paÃs derivada del crimen organizado no se ha invertido ni en infraestructura (sólo hay entre uno o dos cada estado) ni en capacitación médica: oficialmente se tienen registrados sólo 1,5000 especialistas. En contraste de cifras, entre 2007 y 2016, se localizaron oficialmente en México 855 fosas clandestinas en el paÃs con en promedio 50 cadáveres cada una de acuerdo con el informe especial de Personas desaparecidas y fosas clandestinas en México realizado por la Comisión Nacional de los Derechos Humanos. “Hace años que pedimos que se construya un lugar adecuado, pero no se ha hechoâ€, dijo Guadalupe Melo, directora del Instituto Médico Forense en Veracruz cuando los padres de los niños del colegio La Paz comenzaron a quejarse de la peste que respiraban sus hijos, de salpullidos en la piel, ardor en los ojos y dolores diversos. La capacidad de los semefos veracruzanos es para 300 cadáveres pero sólo en una de las fosas (Colinas de Santa Fe) se encontraron 253 cuerpos. “A veces que preferimos no abrir más fosas porque no tenemos espacio para guardar los cuerposâ€, comentó en marzo pasado el fiscal Jorge Winckler. Poco después de las denuncias de los padres de familia en Boca del RÃo, un grupo de trabajadores de la Jurisdicción del Ãrea de Regulación y Riesgos Sanitarios apareció en el patio donde estaban los cuerpos envueltos en plástico y se los llevaron con rumbo desconocido para los estudiantes de la Universidad Veracruzana que apoyaban con el análisis de los restos. La falta de tacto de las autoridades con los cuerpos es una de las principales denuncias de las familias de los más de 20 mil desaparecidos que hay en México. “Para nosotros cualquier huesito o pedazo que se encuentre es una esperanzaâ€, dijo MarÃa Herrera, lÃder de la organización Enlaces Nacionales, que agrupa organizaciones de familiares de desaparecidos de 13 estados y de otros paÃses. Herrera busca a sus tres hijos, Jesús, Salvador y Raúl, quienes desaparecieron en Atoyac de Ãlvarez, cuando compraban y vendÃan oro en 2008. Desde entonces recorre los forenses y fiscalÃas del paÃs: de Guerrero a Coahuila; de Michoacán a Chiahuahua. Todos con un común denominador: “A las autoridades les da repulsión tratar con los cuerposâ€, dice. “Quieren deshacerse rápido de ellosâ€.. Morelos protagonizó un escándalo el año pasado cuando padres de desaparecidos descubrieron que la fiscalÃa local envió a dos fosas clandestinas más de un centenar de cadáveres sin procesar ni toma de muestras de ningún tipo porque ya no cabÃan en el Semefo de Cuernavaca. “El problema de las desapariciones desafiÌa las capacidades y recursos del Estado mexicano para dar respuesta a una situacioÌn que, con el paso del tiempo, se estaÌ convirtiendo en un obstáculo para la justiciaâ€, concluyó el año pasado un informe de la CNDH.