Las bombas rusas tiraron las macetas de la casa de Alba Becerra, una mexicana que llevaba 32 años viviendo en Ucrania.
Por: Agencia Reforma
Suceava, Rumania.- Las bombas rusas tiraron las macetas de la casa de Alba Becerra, una mexicana que llevaba 32 años viviendo en Ucrania y que tuvo que huir hacia Rumania con el inicio del ataque a Kiev.
Ella salió por sus propios medios en una caravana de tres vehÃculos el viernes 25 de febrero, pero entró a Rumania hasta el lunes 28, por la comunidad de Siret.
Ahora se encuentra refugiada en un hotel de esta ciudad, donde en entrevista cuenta su travesÃa de los últimos dÃas.
“Jueves y viernes fueron horribles, cerca de mi casa bombardearon un aeródromo y las macetas de mis ventanas se cayeronâ€, recuerda.
Ella se casó con un ucraniano, de quien ya se divorció, pero su hijo también de nacionalidad ucraniana vive con ella y temÃa que no lo dejaran salir del paÃs por estar en combate.
https://youtu.be/5z02Y85XxuI
Profesora de español en Kiev, Alba está convencida que las gestiones de la SecretarÃa de Relaciones Exteriores (SRE) le ayudaron a que su hijo pudiera cruzar la frontera, pues a pesar de tener un problema visual podrÃa haber sido llamado para apoyar en cualquier labor en las fuerzas de su paÃs.
“Claro (que voy a viajar a México), porque tengo que sacar a mi hijo y a mi nuera de esta zona de conflicto, pero yo sà pienso regresarâ€, confÃa la nayarita que llegó en los 90, cuando la Unión Soviética.
En Suceava la temperatura por la noche bajó a -2 grados, pero dentro del hotel Popasul Sura la sangre de RosalÃa Tovar hierve.
Sujetando una bandera ucraniana y dos letreros, uno en contra de Vladimir Putin y otro enalteciendo a Ucrania, Tovar irrumpe en una estancia del hotel, “¡Putin, mientras dormÃamos, nos atacó; mis estudiantes están en búnkeres ahora, mis mejores amigas están en búnkeres ahoraâ€.
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Enfurecida, con lágrimas en los ojos y la rabia temblando en sus manos, la joven que trabajó como profesora, recuerda que eran felices y tenÃan libertad. “Por favor, paren esta guerraâ€.
“Voy a México con el dolor de mi corazón, quiero quedarme aquà de voluntaria, pero sé que en México tengo muchas cosas que hacer, porque les voy a dar voz a mis hermanos y hermanas ucranianasâ€.
Oriunda de León, Guanajuato, Rosalia recuerda que fue el pueblo ucraniano el que salió a ofrecerle té caliente a las personas que huÃan a pie hacia Rumania.
Y es que la fila era tan larga y lenta que muchos decidieron bajar de sus vehÃculos, abandonarlos y recorrer los últimos kilómetros a pie.
Eso hizo Ivette Rosano, quien huyó con su perra salchicha “Ramonaâ€, quien la acompaña desde que vivÃan en Chihuahua y a quien piensa llevar a México.
Antes de abandonar el vehÃculo, Rosano sufrió por la gasolina, pues la venta estaba limitada a 20 litros por vehÃculo, además de que tenÃa que estar al pendiente de que no le tocara un toque de queda a medio camino y lejos de algún lugar para refugiarse.
Estas mexicanas forman parte de cerca de 50 connacionales que podrÃan abordar el Boeing 373-800 de la Fuerza Aérea Mexicana que llegó a Bucarest el lunes pasado.
En Suceava ya se encuentran 26, 20 de ellos llegaron con el primer grupo desalojado antes de las hostilidades rusas, y 6 arribaron este lunes; mientras que en Bucarest ya hay 6 mexicanos más, y se espera el próximo arribo de un autobús con 21 mexicanos, entre ellos la Embajadora en Ucrania, Olga GarcÃa Guillén, quien se mantendrá en ese paÃs para apoyar a más mexicanos.
https://twitter.com/Reuters/status/1498801506656481280?ref_src=twsrc%5Etfw%7Ctwcamp%5Etweetembed%7Ctwterm%5E1498801506656481280%7Ctwgr%5E%7Ctwcon%5Es1_&ref_url=https%3A%2F%2Fwww.zocalo.com.mx%2Fdejan-mexicanas-toda-una-vida-en-ucrania%2F
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